Argentina. El boom de la cerveza artesanal. La fascinación de crear la bebida a gusto de paladar

(El Diario) Se cansaron de los productos industriales que consideran “de baja calidad” y decidieron crear su propia cerveza. Cada vez son más y hasta hay una agrupación local que se reúne una vez al mes a catar la producción de cada integrante y compartir fórmulas y recetas. El fenómeno también avanza comercialmente, hay dos bares que ofrecen su propia marca. Uno de ellos ya tiene una fábrica que elabora unos 15 mil litros anuales.

988747_698173506867857_505068662_nSergio se lo dijo a un grupo de amigos en un bar del centro, sin reflexionar demasiado. Casi nada. Fue como una de esas frases que se disparan a raíz de un pensamiento de inescrutable origen. Una idea entre tantas, aunque repentinamente luminosa, llamada a cobrar la forma de una oportunidad.

En pleno 2001, cuando todo se caía a pedazos, Sergio le dijo a sus amigos: “Yo voy a hacer cerveza”. Y eso hizo. Durante un año estudió, viajó a las localidades con más desarrollo en el tema, se fue al sur donde crece el lúpulo, entabló amistad con un ingeniero químico especialista en cervezas. Y, finalmente, comenzó a producir. La primera partida la sirvió una noche para un grupo de amigos que venían de recorrer Europa. La botella no tenía etiqueta y los degustadores desconocían su procedencia.

“Parece una cerveza que tomamos en Alemania”, arriesgó uno de ellos.

Sergio Ruiz es fotógrafo, marquetero y también productor de cerveza artesanal. Su cerveza “Urquiza” apareció en las estanterías de numerosos comercios y restaurantes de Paraná, hasta que resolvió dejar de producir, fundamentalmente, porque “para hacerlo necesitás un espacio físico y mucho tiempo, no podés estar con otras cosas”, resumió.

Sergio fue uno de los pioneros en la producción de cerveza artesanal en Paraná, pero más cerca en el tiempo, surgieron muchas iniciativas en sentido similar, aunque con diferentes perspectivas y resultados. Los iguala, eso sí, la evaluación inicial y el disgusto por la oferta de cerveza existente.

“La falta de oferta de cerveza de calidad en el mercado”, fue la razón de iniciar el camino, dice José García, productor artesanal, radicado en Puíggari y lamentó que “las cervezas industriales lo que buscan es llegar a la mayor cantidad de gente con un producto barato, pero de baja calidad”.

En el mismo sentido, Exequiel Heim, productor de Aldea Brasilera, creador de una cerveza artesanal de reconocimiento nacional, con pedidos permanente de diferentes localidades y centros turísticos, opinó que “la cerveza industrial viene cada vez peor, hay cerveza que la sacan entre 48 horas y tres días y a mí el proceso me lleva entre 45 y 60 días, entonces imaginate la diferencia”.

Heim es descendiente de alemanes y las recetas que empezó a ensayar hace ya cinco años eran justamente fórmulas guardadas por sus familiares, adaptadas en la actualidad con métodos más rigurosos y un cuidado puntilloso de las cuestiones higiénicas vinculados al todo el proceso de realización.

Según el cervecero, “esto es una tendencia mundial que acá se empezó a ver hace cinco años. Pero en Estados Unidos desde la década del 80 hay una movida para dejar de tomar cervezas de mala calidad y crear las propias. En Europa existen las fabricas de empresas familiares, con poca cantidad y una calidad muy buena”, detalló.

CERVECEROS.

En el país existe una asociación civil que lleva por nombre “Somos Cerveceros” y convoca a todos los productores de cerveza artesanal de la Argentina y países vecinos. En somoscerveceros.com.ar se pueden encontrar, en detalles, las recetas y los procedimientos para comenzar en la actividad, también hay foros donde participan más de mil emprendedores y hasta algunas marcas reconocidas que pretenden mantener el status de cerveza artesanal. Hay encuentros, concursos y videos tutoriales para seguir el procedimiento paso a paso. Justamente a través de esa página web, se fue conformando un grupo de paranaenses apasionados por la elaboración de esta bebida. En rigor son diez los productores locales que se reúnen, al menos, una vez por mes para catar la cerveza de cada integrante del grupo, compartir experiencias, recetas y secretos de la elaboración.

“Lo que nos une es el amor que le tenemos a la cerveza casera, más allá de cualquier cosa en particular, podemos llegar a venderla, pero a gente amiga, no es esa la cuestión”, indicó Sergio Quispe, jujeño radicado en Paraná, luthier de jerarquía internacional y, hace ya dos años, investigador en el arte de crear una buena cerveza.

“Yo empecé por una mera inquietud. Fue una aventura al principio, por que las cosas las tenemos que comprar afuera de la provincia, pero justamente eso me llevó a conocer gente. Para mí era solamente un trabajo de paciencia, para saber canalizar la ansiedad y trabajarla de alguna manera”, relató el luthier cervecero.

PACIENCIA. Los productores locales encargan sus productos fuera de la provincia, se encierran durante algunos días a trabajar y ensayan las diferentes variantes para “sacar”, desde la más clásica dorada, hasta negras, rojas y las diferentes variedades con influencias de tradiciones alemanas, inglesas o irlandesas. Lo importante, dice Quispe, es “enamorarte del proceso, sino no va. Yo me enamoré, macerar y hervir granos es un placer”. Y va más allá todavía: “Une al mundo, es el pan líquido, tiene la antigüedad que desconocemos, data de remotas épocas, los egipcios pudieron haber descubierto al fermentado de un pan de cereales por circunstancias accidentales”, relata.

En Santa Fe el movimiento de cerveceros artesanales tiene aún mayor predicamento y casi llega al centenar de integrantes. Por esa razón sus colegas paranaenses mantienen contacto con los productores de la vecina orilla, mientras planean algo así como su presentación en sociedad.

“Tenemos la idea de pedir a la Municipalidad que nos dé la posibilidad de estar con los microemprendedores en Semana Santa, plantar al stand y mostrar a la gente cómo se hace la cerveza artesanal”, adelantó José García, quien elabora entre 25 y 50 litros por mes.

289093_521999117823731_164061932_oOBJECIONES.

Exequiel Heim sostiene que su cerveza se rige por los estándares exigidos en Alemania desde 1516. Su formula es una adaptación entra la tradición más arraigada y el rigor y la asepsia que requieren los nuevos tiempos. Heim produce ocho tipos de cervezas, pero comercializa seis, siempre desde su planta en Aldea Brasilera, donde además funciona el negocio familiar, famoso en la región: Munich.

Heim consideró saludable “luchar contra la cerveza de mentira y trabajar por una cerveza de verdad, una bebida noble, no esas porquerías que las tomás y al otro día te duele la cabeza”. Eso sí, analizó, si bien es cierto que cada vez hay más gente que elabora, no quiere decir que todos los resultados sean de calidad. Hay que tener un montón de cuidados que no siempre se toman”, advirtió y graficó: “Hace un tiempo me regalaron una cerveza con muy buena presentación, pero el contenido yo no lo podía creer, no podés hacer eso”.

En esa dirección, señaló Heim, hay emprendedores que responden a intereses meramente económicos. “Muchas veces es por la parte comercial únicamente, no están persiguiendo nada bueno, sino hacer una moneda”.

En el fondo, coinciden los especialistas, se trata de una cuestión de moderación, esfuerzo y paciencia. Ninguno de los citados planea hacer un gran negocio, sino realizar una tarea gratificante que se completa ofreciendo un producto de calidad. Y de esa forma, piensan, también se debe recibir entre los consumidores: “Es más cara la cerveza artesanal, claro, pero es otra calidad, se trata de no tomar diez cervezas, sino de tomar dos y disfrutarlas”.

La fábrica local

En Paraná hay al menos dos locales que ofrecen su propia cerveza. Uno de ellos, ubicado en la esquina de San Juan y Victoria, se ha dedicado en los dos últimos años a invertir esfuerzo y dinero para posicionar la marca como una referencia local. Algo así como la cerveza de Paraná.

“Desde que arrancamos como pub, siempre tuvimos buenas cervezas, muchas importadas, variedad de bebidas, pero con el tiempo vimos que era necesario crecer con una cerveza que fuera diferente”, señaló Lorena Jáuregui, una de las responsables de la firma y también de Lester, la marca de la cerveza.

“Son cervezas de estilo, tiramos cuatro variedades, porque nos damos cuenta que al que le gusta prueba algo diferente, acá de las cuatro salen todas, dos en rubia, una en roja y una negra”.

El proyecto es ambicioso. Al día de hoy, Lester se produce en una fábrica emplazada en una localidad santafesina y la idea de sus mentores es instalarla dentro de poco tiempo en el Parque Industrial de Paraná. “Lo importante es que la cerveza gusta y eso está bueno. Producimos unos 15 mil litros mensuales”, detalló Jáuregui y destacó que “tratamos de ser productores de alta gama, incluso para las fórmulas se utilizó la influencia de cervezas europeas y la diferencia, claro, está en la calidad de la materia prima que utilizamos”.

Por Julian Stoppello. Para El Diario. Parana. Entre Rios.

Nota generada febrero 2013

Fuente: www.eldiario.com.ar

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