Argentina. San Juan. Somerville la exclusiva cerveza artesanal que da que hablar en la provincia del vino

En una excelente nota publicada por el diario local “El Tiempo de San Juan” escrita por Ernestina Muñoz  se da cuenta del crecimiento que sigue experimentando la cerveza artesanal en las distintas provincias argentinas. Cerveza Artesanal Somerville, esta es su historia.

Grandes cuadros coloridos en un departamento minimalista. Equilibrio, arte y orden. Un indicio del entrevistado y su trabajo. “No quiero que sobre nada”, comenta y saca de la heladera una de sus cervezas bien frías. Siempre tiene una para él. “Con eso, suficiente”.

Las cervezas de David Somerville no se venden en locales comerciales, sólo se adquieren por compra directa al fabricante. Producen unas 400 botellas. Cada elaboración insume 15 horas continuas. El protocolo es manual y se rige por la ley de pureza alemana, acuñada en 1516. En la “nanoplanta” sólo dos personas se encargan de la magia: David y su hermana Romina, la primera maestra cervecera de San Juan. “Esta cerveza no es para todos, sino para los que les interese probar y sostener otra idea de consumo. Solo me gustaría llegar hasta cierto punto de extensión”, hasta donde pueda seguir controlando la calidad del proceso. “Soy muy molesto”, advierte, pero la sonrisa de buen tipo lo desmiente.

La inquietud por retomar el legado cervecero comenzó en 2006, cuando encontró en la casa paterna los artefactos que usaba su abuelo de origen escocés para fabricar cerveza artesanal. El patriarca de los Somerville había llegado desde Brookling, EEUU, a San Juan atraído por la minería. En la casona familiar hay papeles de tramitación de exploración de proyectos mineros hoy viables. “Al viejo le faltó recursos pero me dejó dos pasiones: el fútbol y la cerveza”. El padre de Somerville no siguió la costumbre porque se dedicó a su familia de 4 hijos. “El es mecánico y docente. También me dejó de herencia la docencia”, reflexiona. David es diseñador industrial y profesor universitario.

Con esa conciencia a cuestas, comenzó a experimentar en las 4 hornallas de la casa, con las históricas cacerolas herrumbradas y los medidores de densidad antiguos. “Pero no se podía hacer con eso, salía contaminada. En 2008 me di cuenta de que no sabía hacerlo. Me comencé a formar y en 2012 salieron las primeras pruebas exitosas que soportaban análisis”, relata.

Desde entonces, fue todo a pulmón. Primero, viajó a Córdoba para charlar con capacitadores. “Compré un equipito chico, leí, me contacté después con los maestros cerveceros que son los alemanes, los escoceses, belgas, irlandeses”. Así llegó uno de los momentos de inflexión en esta historia, cuando dos germanos que viajaban a Mendoza para una charla fueron invitados a San Juan por Somerville. “Era “la” oportunidad.

Me dijeron que no me cobraban nada por la enseñanza, pero tuve que alojarlos, darles de comer y sacarlos a tomar por ahí. No me podía quejar. Aprendí mucho más. Atesoro eso. Con dibujos, me explicaron muchas cosas por los 3 días que duraba el proceso”. Actualmente mantiene el contacto y en algún momento piensa viajar para pulir el arte. Lo mismo con Escocia. Es fácil imaginar en esas latitudes nórdicas a este hombre de gran estatura y profundos ojos celestes haciendo cerveza. Hasta el nombre, con una leve alteración fonética, conjugaría naturalmente. “Me llama la atención, pero me considero argentino de pura cepa”, dice con tonada y erres muy sanjuaninas.

Otro consumo

“Soy medio zurdo en esto. No quiero ser Quilmes”, declara. Al contrario de lo que dicta el sistema de mercado, Somerville no considera que a mayor venta, más éxito. “Es apoyar la nueva y vieja forma de buscar el disfrute. Es un regreso, es como nos relacionamos”.

En facebook es aún más explícito. “Se trata de apoyar una forma de vida, una forma sana de trabajar, de comercializar sin usura. Se paga el trabajo y compromiso de mejorar todos los días el noble y tradicional producto familiar”. Por eso, él tiene otro vínculo con sus “clientes-amigos” como los denomina. Trata a todos de usted. Además de explicar, tiende a educar a los compradores.

Cada birra, como él les dice, es una invitación a compartir esa historia familiar. “Acá se perdió ese “che, no te olvides de quien sos”. Para mí, encontrar lo de mi abuelo fue una oportunidad”.

Cervezas 100% naturales:

American Pale Ale: de color ámbar rojizo, con notas a caramelo.

Kölsch: liviana, perfumada, indicada para mujeres y el verano. “La rebauticé Blonda”

Brown Ale (la Morocha): es negra liviana de estilo inglés del 1800.

Hay dos especiales. La Stout Imperial, negra cremosa de final amargo, “más indicada para el invierno” y una cerveza ahumada para maridaje, con base Pale Ale.

 Hay dos presentaciones, 355 cc y 660 cc

Fuente. Diario El Tiempo de San Juan

Más Información. http://www.tiempodesanjuan.com/notas/2014/3/13/cerveza-sangre-52304.asp

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